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viernes, 23 de mayo de 2014

11:11


Eso pensaba al leer esto. Pero, quizá, sí me queda un último deseo.

Dioses. Duele incluso el pensar en decirlo "en voz alta". En letras que lo hagan una realidad, que lo deseo, que lo anhelo, que tal vez sería un complemento que me haría feliz. Uno guarda los "hubiera" en el corazón y, cuando se percata, son una carga pesada que tarde o temprano rompe todo. Dijimos que sin arrepentimientos. Dijimos que sin guardarnos nada. Cumplí con mi parte y el resto quedó en el tintero. Aún hay tantos futuros por escribir. Aún me queda vida, hasta donde sé. Mi cofre está en el mar, pero la llave me la guardé por si acaso.




He decidido esperar. 
[Aún no sé si es un acto de valentía o de estupidez.]

domingo, 2 de marzo de 2014

Like a fuckin' George A. Romero film.

El día en que comenzó todo, la normalidad fue la que destacó por su pesada rutina: despertar, bañarse, vestirse y alistarse para ir al trabajo. Siempre te despertaba después de que terminaba de ducharme, porque te arreglabas más rápido que yo, y me gustaba darte esa media hora más de descanso. Intercambio rápido de palabras mientras peinaba mi cabello, pelearse por el mismo espejo aunque hubiera tres en la casa. Salir, buscar un taxi, un beso rápido en los labios, irse cada uno por su lado.

Algo sucedió en ese intervalo en el que estás laborando, en el que no hay mensajes más que los necesarios para avisar que has vuelto a casa, que todo está bien, que qué bueno que te llevaron de comer, tu doble turno es pesado, no te preocupes, yo me encargo de limpiar el desmadre que dejé en la cocina. Una tarde tan normal que no pude ver las señales. Ese aislamiento autoimpuesto que me colocaba, interactuando sólo con personas que nunca podrían tocarme directamente.

Esa noche volviste distinto. Había un fastidio, una incomodidad latente en tus movimientos. Lo achaqué a lo pesado de tu día, quise abrazarte en solidaridad, y ahí empezó todo. No quisiste. Dijiste que el contacto te lastimaba y que mejor no lo hiciera. ¿Cómo iba yo a saber que algo te había herido y sólo logré remover el lugar donde estaba? ¿Cómo, si nunca me dejaste ver la gravedad de la lesión? Esa noche fue extraña. Yo no sabía, que a mi lado, en la misma cama, poco a poco ibas muriendo.

De haber sabido que ése era el último beso que recibía de tus labios, lo habría hecho durar más.

La siguiente mañana fue cetrina, apagada. Tus movimientos eran distintos, y el mundo, también, había cambiado un poco. Comencé a ver los signos, empecé a sentir miedo, sentí tambaleante mi confianza, pero aún creía en que podría encontrar una cura, creí que podría sanarte. ¡Cuántas ideas se te ocurren cuando ves amenazada tu seguridad! Pero no, la infección estaba demasiado avanzada, y en el crepúsculo de ese día pude notar que la transformación casi se había completado. 

Después todo fue lento, progresivo, definitivo. Dejaste de ser ese que yo conocí, y te volviste alguien distinto.

El Apocalipsis llegó sin que yo estuviera preparada para ello, me tomó desprevenida, a mí, la que siempre creyó estar lista emocionalmente para enfrentar algo de esa magnitud. Tal vez fue porque comenzó desde el punto en que yo pensé nunca flaquearía. Me atacó en mi parte más vulnerable, más confiada, más sensible, más expuesta. Verte frente a mí, convertido en despojo de aquello a lo que yo aferraba mi mano cuando me sentía débil, terminó de mermar mis fuerzas. Me destruyó. Todo cayó en pedazos y un dolor como nunca antes había experimentado recorrió mi pecho. Dolor físico, real. Tú ya no existías, todo lo que había construido contigo eran ahora ruinas desoladas por alguna terrible peste que provino de quién sabe qué profundidades del abismo. 

Frente a mí, sólo había un espectro. Una figura corpórea idéntica a ti, pero que no era a quien yo amé.

Una de las reglas más importantes durante una crisis zombie es que, una vez convertido, un zombie deja de ser aquella persona a la que alguna vez amaste y conociste; es ahora un ser que buscará devorarte, lastimarte sin importar qué tan profunda fue su relación, pues su único móvil ahora es esa hambre que nunca cesa, la cual intentará saciar a costa de lo que halle a su alcance. Lo que tenía ahora a mi lado era un zombie, y por más que doliera, debía destruirte.

Destruirte o dejarte ir, cualquier opción dolería, porque lo que había amado estaba ahora muerto.

Hay cierta solidaridad implícita entre aquellos que hemos perdido algo. Familiares, personas, sueños, planes a futuro. Todo aquello que se quedó en el tintero, y el limbo que precede al "¿qué sigue después de esto?". Una dolorosa mirada al pasado de los días felices y la desaparición de la seguridad que perduró por tanto tiempo. Está también la culpa que siente uno por no haber podido remediarlo, la sensación de fracaso que invade la boca con un gusto amargo, y el hecho de que ahora sólo queda enfrentar la nueva realidad, alzar la frente, enjugar las lágrimas y aceptar que, a pesar de todo, te tocó sobrevivir y debes hacer que valga la pena tu existencia. 





Voy a sobrevivir este Apocalipsis sin ti.

lunes, 3 de febrero de 2014

Estoy rota. Estoy buscando mis pedazos.




Estoy rota y no quiero que me veas tocando fondo, como animal herido.




Estoy rota y no logro ver todavía algún resquicio por donde se cuele la luz.





Estoy rota y estoy sola.




Estoy rota.




Estoy.




No estoy.




No estoy bien.




No estoy bien y quiero estar sola.




No estoy bien, y me he hartado de que me vean así.




No estoy bien, y volveré cuando el dolor haya disminuido.




No estoy bien, y requiero tiempo para pensar sin interferencias externas.





Perdón, al final siempre se impone mi egoísmo.

sábado, 8 de junio de 2013

De complejos de Electra y gente que debería permanecer muerta en mi memoria.

Mis padres tienen una diferencia de 26 años entre sus edades. Muchas veces me he preguntado (y le he preguntado a mi madre) cómo fue que se enamoraron, y decidieron hacer una vida juntos. Nunca me ha podido dar una respuesta que vaya más allá de "pensé que todo sería distinto". A pesar de sus claras diferencias, no se han separado, aunque se les hayan presentado muchas ocasiones para ello. 

Yo siempre he preferido a mi padre. Vaya, él era el que me llevaba y traía de la escuela, el que me dejaba jugar en las maquinitas, el que me llevaba chocolates en el recreo, el que me pasaba por la reja de la secundaria los materiales que olvidaba por andar en la pendeja. Durante muchos años, escuché sus comentarios negativos acerca de mi madre, de la familia de mi madre, de sus demás hijas, de sus otros hijos, de mí. Fui su buzón de quejas. Y su leal side-kick, cuando iba a ver a sus amigos. Entre ellos, estaba C. Alto, delgado, ojos claros de un color que no logro recordar, tez blanca, ligeramente quemada por el sol, cabello castaño claro, rondando los 40 años. Él era, como se lo dije hasta el final de sus días, un hijo de puta; cuenta la leyenda que su madre tenía un prostíbulo en la cuartería atrás de la casa principal, donde alojaba a las muchachas, dándoles vivienda y lugar de trabajo al mismo tiempo. Dicen que él odiaba a esas mujeres que prometían amor a cambio de un pago, y odiaba a su madre, por extensión. No sé qué pasó, que dicho negocio fue clausurado, y de esto sólo quedaron recuerdos dispersos por ahí.

Él era esposo de una familiar mía, y nuestra relación era complicada. Recuerdo conocerlo desde siempre, pero mi primera memoria concreta es estar parada frente a su biblioteca, contemplando la colección de tiras de Mafalda en ella; él me dice que tengo permiso para ver cuantos libros quiera de ahí, y ésas son las primeras que tomo. Tenía 7 años, pero nunca olvidaré al hombre cuya mano siempre estaba ocupada con un cigarro, que hablaba con groserías y tenía cuatro nombres antes de sus apellidos. Él fue el primero al que le creía que era ateo. Había crecido en colegio de monjas, y las detestaba lo suficiente como para no querer saber de la religión, sin embargo, en su muerte se le envolvió en sudario y se colocaron estampitas de santos en su ataúd, y un rosario en sus manos. La eterna contradicción entre lo que deseamos y lo que la familia decide por nosotros.

Recuerdo que peleábamos por muchas cosas. Aún lo veo con sus más de 1.80 m, gritándome a mí, una mocosa de 12 años, que si no me gustaba su forma de enseñarme matemáticas, bien podría irme a chingar a mi madre. Sus manos tocando con desdén mi cabello, calificándolo de "lacio indio". Por él fue que quise hacerme una permanente a los 13 años, que salió terriblemente mal y sólo duró una semana. Él es la única persona, en lo que va de mi existencia, que me ha preguntado cómo me gustaría que fuera mi funeral. Mi padre le pidió que no me preguntara ese tipo de cosas, pero él respondió "tiene 15 años, esa idea ya debe haber cruzado su mente". Y en efecto, era algo que yo ya había meditado. Él me acostumbró a responder las preguntas más íntimas con cierta indiferencia, a esconder sentimientos, a no llorar frente a los hombres porque eso era chantaje sentimental. "No me importa que llores, te chingas porque sabes que estoy en lo correcto".

Si alguna vez llego a padecer algún tipo de cáncer de pulmón, le echaré la culpa. Fumaba más de tres cajetillas al día, su perpetuo olor a cigarro me molestaba pero me rehusaba a apartarme por más nauseabundo que fuera. Hacía bromas ingeniosas que involucraban palabras soeces, blasfemias, falta de respeto hacia los demás. Yo le ponía cara de enojada, pero por dentro me reía. Odiaba reírme con sus ocurrencias. Entonces él se exasperaba y me decía que iba a terminar amargada y sola si seguía siendo así de apretada con mis ideas. Que debía aprender a aceptar lo asqueroso, lo grotesco, lo retorcido, para sentirme libre de vagar entre ello sin temor a hundirme. Él fue de los pocos adultos que abordó el tema del sexo conmigo, dándome consejos que eran malos para ese momento de mi vida, pero buenos para la futura. 

Fue una versión más joven, más hostil, más viciada de mi padre. Un ser inestable que era demasiado inteligente para la química, matemáticas y física, pero pésimo en finanzas y administración. Tomaba proyectos para matar su tiempo, como aquella vez que declaró que haría una alberca en el patio trasero de la casa, y empezó a romper concreto y a cavar, hasta que logró hacer un agujero rectangular de 5 x 8 m, que se quedó en tierra removida y escombros. Su buen humor era contagioso, su risa era grave y sonora, las arrugas de su rostro se marcaban con la sonrisa sarcástica que solía tener. 

C. murió de cáncer pulmonar. Se consumió rápido; en diciembre se lo diagnosticaron, en marzo estaba falleciendo. Fue impactante ver cómo ese hombre, delgado pero fornido, perdía masa muscular y quedaba hecho un saco de huesos. Aún en su condición, nunca perdió su orgullo, no dejó que "los chamacos", como nos llamaba, lo viéramos así. Para ese entonces yo tenía 18 años y creía que las personas me iban a durar para siempre. Su muerte fue tan dolorosa para mí, que todavía al recordarlo se me escapa una lágrima, no puedo evitarlo. Aún con todos sus regaños y discursos sobre "ser fuerte", no puedo. Yo no quería creer que él era el que estaba en el féretro rentado, porque lo iban a incinerar, y éste le quedaba justo porque no tenían uno más largo para él. Recuerdo que me acerqué a su cadáver y le dije al oído que yo sabía que él podía escucharme, porque él me había enseñado que ese sentido es de los últimos que mueren. Le afirmé que él era mi cabrón e hijo de puta favorito, y que cómo podría haberse muerto sin terminar de enseñarme geometría analítica. Rompí en llanto y no pude decirle más. No pude decirle lo más importante.

Tuve dos figuras paternas. Pero quedé prendada de la adoptiva. Busco sus rasgos de personalidad en los hombres que han estado en mi vida, me atraen las personas con físico similar al suyo, aún me sigue deprimiendo su ausencia. A veces pienso que es mejor que haya sido así, que haya desaparecido después de haber hecho tanto daño, no sólo a mí, sino a mi padre; otras, deseo que siguiera vivo sólo para poder restregarle en la cara que no me quedé sola, como él pronosticaba. En realidad, no lo sé. Pero de lo que sí estoy segura, es de que él fue lo que puedo llamar, a falta de mejores palabras, mi primera relación de amor y odio con un hombre. Un amor desenfrenado que odiaba sentir. El único enemigo que quise a mi lado.





Go ahead and play dead.

domingo, 17 de abril de 2011

Lo siento, papá.



Pero destruiste, con un solo gesto, todo lo que habías representado para mí, durante toda mi vida. Te excusas en tu vejez y la enfermedad para disculparte, pero bien sabes que esto fue la estocada final; por fin lograste atinar en el punto que más me duele. No por lo que valía ese regalo tan esperado de tu parte, sino porque decidiste apartarlo de mí, la única -en tus palabras- de tus hijas que realmente podría apreciarlo por su valor en cultura y sentimientos, no lo monetario. Se lo diste a alguien más, con más recursos económicos que yo, con más mañas que yo, con más maneras de manipularte de las que yo conoceré jamás; en pocas palabras, mentiste, y si bien lo has hecho antes, nunca se sintió como ahora. Fue ese peso, el sabor de la traición, lo que me llevó a reclamarte amargamente lo que habías prometido hace tanto tiempo, y mayor fue mi decepción al escuchar tu réplica tan ambigüa, tan llena de injusticia, defensiva y de pretextos. ¿Que me vas a regalar otro igual? ¿Que lo compensarás de algún modo? Mentira. Nunca lo harás. Y con mucho gusto destruiría lo poco que me quedó de tus recuerdos, pero sería inútil, pues no sería suficiente para quitarme de la mente tus últimas acciones de cobardía. Ahora me das otros regalos, tan nimios, tan insignificantes, que se sienten como las sobras que le arrojas a un perro para que deje de estar ladrando. Eso me siento, la que quedó atrás, la sobra de la familia. Y ese sentimiento no se alejará tan fácilmente como tu pretendes que sea.




Tus discos no los quiero. Yo quería tu corazón.

jueves, 11 de junio de 2009

Voy a costurarme una bandera para ondearla al viento y gritar al mundo: ¡No soy tu pinche criada, hija de p*ta!






Me considero una persona mega relax, que sabe seguir órdenes y acatar instrucciones, siempre y cuando sean éstas coherentes. Pero cuando se me pide que les diga a los alumnos que no hay clases, para al día siguiente me digan que siempre sí y obvio no llegan todos, y luego me piden que ayude en dirección y se quede mi grupo solo, y como sé que son un desmadre tengo que estar con ellos: no amamante, por favor. Y mucho menos, se enoje cuando sabe que mi trabajo es ATENDER AL GRUPO, no ayudarla de a gratis con lo que se supone usted debe hacer. ¿Por qué no aprovecha a esa que está de holgazana en dirección con el climita, eh? Ah no, que ayude la nueva, que se jodan las nuevas. Lo siento, pero sólo soy una interina, no estaré mucho tiempo aquí, así que váyase acostumbrando a que no seré su sirvienta, gracias.












Cómo me caga que quieran disponer de mí así.


miércoles, 13 de mayo de 2009

Invitada por Diana...

...Y disponible para todo aquel que desee continuarle.


1.-¿Cuál es tu primer recuerdo?
Un monstruo en la pared.

2.-Nombra alguno de tus juguetes preferidos.
Videojuegos, patines, muñequitos de cuerda.

3.-Alguna travesura de cuando eras niño.
Me aventé a la piscina del kinder...cuando llovía, y sus aguas eran puro lodo. Fueron necesarios 3 maestros para atraparme; mi abuelita fue por mí y me encontró con ropa de otra niña, ja.

4.-¿Cuál es tu comida favorita?
Pasta y arroz, en todas sus variantes.

5.-Dibujos preferidos de la caja tonta.
No veo tele, me alimento de anime.

6.-Primera colección de cromos.
¡Dragon Ball!

7.-¿Tu mejor amigo (a) y por qué?
Tengo personas a las que no he visto en años y cuando nos reunimos es como si sólo hubiésemos dejado de vernos un día.

8.-El primer libro que leíste.
La colección "El tesoro de la juventud", ellos son los culpables de todo.

9.-Aquella canción que siempre que escuchas viajas a tu pasado.
How far, Apocalyptica.

10.-¿Aquél maestro que todavía hoy recuerdas y por qué?
Carmen, decía que yo era su estrellita marinera.

11.-Una película que nunca olvidarás porque te recuerda tu niñez o juventud.
La bella durmiente, Kathy la oruga.

12.-Aquéllos tebeos que leías con avidez cuando eras pequeño.
Superman, El Pantera (ja, ja, ja), El Samurai (puntos al que encuentre info de éste).

13.-Una mascota que tuviste de pequeño.
Conejo.

14.-Un viaje o excursión que hiciste con los compañeros de clase.
Palenque, Chiapas.

16.-Aquel juego que te gustaba jugar de niño.
Atrapadas, póker (neta).

17.-Qué programa de televisión de áquellos años era el que más te gustaba?
Dragon Ball, Xuxa.

18.-Un regalo que te hicieron tus padres y que jamás olvidarás.
Una casa de muñecas, amo las casas de muñecas, eso luego derivaría en mi obsesión con Los Sims...

19.-¿Hay algún olor que te transporte a tu infancia?
Sí, el de las almohadas.

20.-Un día o momento de tu infancia que no olvidarás nunca.
El día que me dijeron que no existían los reyes Magos, y que me alegrara de que no eran extraños los que me daban chingo de juguetes, sino mis propios padres, snif.





Ahí me avisan si alguien decide contestarlo, besos.

martes, 17 de febrero de 2009

Elegir estar bien no es tan fácil como lo pintan en la tele.


¿Han visto el comercial ese del IMSS donde "motivan" a la gente a hacer ejercicio?






Lo peor, peor, es que me saca una sonrisa cada vez que lo veo. ¿A poco no se oye bien chispa lo de "se les acabó el gordo"? Ok, ando un poco simple, pero espero capten la idea.

Sigo con lo del nutriólogo y el ejercicio, y la verdad, no es fácil cambiar de hábitos de la noche a la mañana, me ha costado alimentarme de forma más sana, dejando de lado tantas cosas que solía tragar con excepcional alegría como helados, refrescos, galletas, comidas sobrecondimentadas, papitas, fritos, etc., etc. He llegado al punto en que si como algo fuera de lo que tengo establecido, mi estómago sufre y grita y llora y padezco. Horror. Eso me hace preguntarme si algún día podré volver a mi vida de desgano y dejadez, y para ser sincera sé que la respuesta es SÍ, pero no mamar, tanto esforzarse como para de repente tirar todo al caño pues como que no. Claro que me mantiene adelante el ver resultados, creo que si no hubiera algún cambio desde el primer mes lo habría mandando al chile todo, pero no es así, y estoy contenta por ello. Y lo mejor, es que lo hago por mí, no como los del video que lo hacen "para gustarle a mi viejo", "para la boda de mi hija", "para darle al danzón", etc., sino por pura, mera y exquisita vanidad y egolatría. Eso sí es motivación de verdad.

Lo único, ÚNICA cosa que sí me duele y extraño terriblemente, es que no puedo darle al alcohol como quisiera, ni puedo escarchar mis micheladas, ni echarle sal a mis palomitas, ni comer jícamas y pepinos con un millón de sal y chile...Tristeza.








Mi reino por una michelada bien preparada, snif.

lunes, 26 de enero de 2009

Guía [casi] definitiva para sobrevivir a los tipos que gritan piropos en la calle.

Yo no me considero de ninguna manera una belleza griega, de hecho pienso que soy como una modelo…pero de Botero; sin embargo, siempre, sin habérmelo ni temérmelo, me gritan de cosas por la calle, léase: piropos, guarradas, chiflidos (bueno, eso no cuenta como grito), saludos (como el típico adiiiiooooossss…así, sin acento), chuleadas y una que otra mentada de madre (en respuesta al dedo que les pinto a veces). Existen también los casos especiales, como los taxistas que casi casi se te enciman cuando abordas su unidad, una vez viví un caso digno de una película de terror, en la que el vato hasta me decía que total ya sabía dónde estaba mi casa y podía venir cuando se le hincharan los huevos. Brrr.

Estas situaciones las he vivido desde secundaria, por lo que he desarrollado cierta inmunidad a tales despliegues de naco galanteo, traducido en: soy totalmente sorda a todo lo que me puedan decir/gritar/chiflar por la calle, es más, si un conocido intenta hablarme, si realmente me conoce sabrá que conmigo no sirve el “tsss, tsss”, ni silbiditos; a huevo tiene que decir mi nombre o alguno de mis apodos para que yo voltee, si no, pues no. Aunque esto también resulta contraproducente, porque los no iniciados terminan pensando que soy una mamona que no saluda cuando anda de paseo, ash. Pero volviendo al tema que nos ocupa, he decidido compartir esta sabiduría (ja, ja) con las chavas, mujeres, señoritas, doñas, monjas, etc., que aún se rían nerviosamente cuando les lanzan los perros tan fugazmente: contrólense, las risas pendejas son para las niñas de secundaria, las verdaderas hembras alfa los ignoramos o reaccionamos de acuerdo a las circunstancias.

Por eso, clasificaré las acciones de acuerdo al tipo de ente que nos encontremos en nuestro camino cotidiano:

ALBAÑILES.

Modus operandi: Desde lo alto de su pared/techo/cuchitril voltean, te sabrosean con la mirada y acto seguido sueltan su "con esa torta ni chesco pidooooo", todo en el lapso de 2 segundos.

Acciones a tomar:
  1. Ignorarlo olímpicamente (es la más aconsejable en estos casos).
  2. Si el sujeto en cuestión insiste con sus guarradas, le pintamos dedo SIN VOLTEAR A VERLO, mirarlo tan siquiera de soslayo sólo acrecenta su erección mental.
  3. Este requiere entrenamiento y cierta predisposición mental: en el caso de ser dos o más albañiles los que te ataquen repetidamente, debes voltear, ofrecer tu mejor sonrisa, levantar la manita con ademán femenino, y con la voz más masculina que tengas, decirles: "¡aaaayyy qué picarones me salieron!" Sobra decir que se quedarán pasmados durante 3 segundos, tiempo suficiente para escabullirse sin daños a terceros.

OFICINISTAS.

Modus operandi: Generalmente en casa no tienen lo que necesitan, por lo que acosan a pobres muchachas solitarias por la calle, los reconoces porque van con la cabeza baja y al pasar junto a ti dicen un "adiiooossss", "qué culito tan fino" o "tantas curvas y yo sin frenos".

Acciones a tomar:

  1. Mandarlos amablemente a chingar su madre, eso por lo general los amedrenta pues su naturaleza es cobarde; ahora que si se ofende el cabrón,
  2. Te haces la occisa y aumentas el ritmo del paso para dejarlo atrás. ¿Qué? Es guía para evadirlos, no para pelearnos, duh.

CAMIONEROS.

Modus operandi: son los que al recibirte el pasaje se agarran la mano diciéndote "ay qué suavecita la tienes", o de plano no te cobran y te guiñan los ojitos, o en otros casos te cobran menos con un "para que le alcance el mandado mamacitaaaaa".

Acciones a tomar:

  1. Tonta la que no aproveche el ride gratis. Sólo debes dedicarle una sonrisa, decir "gracias" y refundirte hasta el fondo del bus. Ya bastante le dimos sonriéndole, qué más puede pedir.
  2. Si te agarra la mano diciéndote que la tienes suavecita, responde: "ay sí es que el herpes/tiña/impétigo que tuve hace una semana me la dejó lisa con tanta pomada". Asegurado que no te volteará a ver en todo el camino.
  3. A veces las risas tontas de colegiala funcionan como respuesta, sólo recuerda bajarte por la puerta trasera del camión, si no, corres el riesgo de que vaya más allá y te quiera dar un llegue.


TAXISTAS.

Modus operandi: Ésta es la especie más peligrosa, pues vamos solas, indefensas y a su merced en un vehículo que no podemos manipular ni aparcar para huir. Por lo general comienzan hablando de sus amores previos, de cómo aunque los lastimen ellos siguen creyendo en el amor, te preguntan que si tienes novio, si sí, pues qué afortunado al tenerte y que él también le gustaría estar con una chava como tú, y si no, que cómo es posible eso y que él te trataría como una reina si estuvieras a su lado.

Acciones a tomar:

  1. Prevenir es la mejor defensa. Desde el momento mismo en el que detienes el taxi, observa bien al chofer. ¿Tiene cara de pervertido? ¿Trae música guapachosa y/o pseudoromántica? ¿Te mira insistentemente más allá de tus partes visibles? CUIDADO, estamos ante un posible perreador. Si no traes mucha prisa, has como que estabas saludando a alguien y lo detuviste por error; si estás acarrerada, ni pedo, prepárate para un posible ataque.
  2. A todo, TODO lo que te pregunte, responde con monosílabos, y de preferencia con tono enfurruñado. ¿Te pregunta tu nombre? Dile que te llamas Hermila, Pancracia, Agripina...Entre más culero, mejor.
  3. No dejes que te toque, dale el dinero en el aire, aviéntaselo, déjaselo en el asiento, repito, ¡¡NO DEJES QUE TE TOQUE!!
  4. Si vas camino a tu casa/escuela/trabajo, bájate una cuadra antes. Caminarás más pero al menos tendrás un stalker menos...


JUNIORS.

Modus operandi: Si sus papás tienen varo, irán en auto y desde ahí iniciarán el ritual de cortejo con un "¿qué onda we? ¿Quieres dar el rol conmigo?" Por lo general son totalmente inofensivos pues NO están coqueteando contigo, sólo están compensando su complejo de inútiles presumiendo las cosas materiales que no son de ellos, por lo que sólo tenemos dos alternativas con ellos.

Acciones a tomar:

  1. ¿Está guapo y/o simpático? Súbete al pinche auto, qué chingados. Nada más toma en consideración dos cosas: a) Sólo debe ir él en el auto, y b) No dejes que le ponga el seguro a tu puerta en caso de que debas arrojarte/bajarte del auto.
  2. ¿Está feo como fundillo de chango y no tiene gracia al hablar? A la ñonga, sin chistar.


GUARROS.

Modus operandi: Los de tipo guarro son muy, muy molestos y castrosos, te gritan de obscenidades, se agarran los genitales, se relamen los labios lascivamente. Por lo general son poco atractivos, y su estatus social, ya sea bajo, medio o alto, no los redime de su comportamiento: rico o pobre, si eres guarro, guarro te quedas.

Acciones a tomar:

  1. Nunca les respondas. Yo viví junto a una prima uno de los episodios más desesperantes de acoso en un estacionamiento: un guarro nos gritó algo de que te apachurro las nalgas, y como mi prima es de armas tomar, que le responde que las de su madre serán y el otro wey contestó que le iba a dejar el culo guango cuando se la metiera y...ustedes imagínense. Lo que me desesperó es que íbamos avanzando y el tipo, acompañado de otro tipo (igual de guarro) nos iba diciendo de cosas hasta que de plano nos escudamos tras un grupo de acomodadores.
  2. Si puedes, entra a algún negocio o pégate a algún grupo. En estos casos, la compañía de más entes disipará cualquier intento de contacto.
  3. Como pueden ver toda recomendación está de más, sólo HUYE.


POETAS.

Modus operandi: Son los que te sueltan alguna frase garigoleada para halagarte, y como en todo, hay algunos que son ingeniosos y agradables, y hay otros que de plano...mejor no deberían ni intentarlo.

Acciones a tomar:

  1. ¿Te soltaron una frase bonita? Sonríe encantadoramente, y sigue tu camino. Ya si te quieres lanzar por el tipo después de cinco palabritas pues es tu pedo.
  2. ¿Te dijo algo más chafa que unos lentes de sol Versánchez? Dedícale tu mirada más despectiva y susurra..."pobre pendejo". Ah sí, no olvides acelerar el paso después de esto último.


Recomendaciones finales:

  • Evita lugares llenos de hombres en demasía; atraviesa la calle, pégatele a un grupo de gente: eso cohíbe al que quiera decirte algo.
  • Pon cara de pocos amigos y no sonrías, eso te hará ver machorra y como que así no se antoja.
  • Nunca subestimes el poder de un dedo pintado en circunstancias favorables.
  • Disfruta el piropo en privado. Hey, después de todo, te lo has ganado...¿o no?


Siento que aún me faltan más subespecies, sin embargo tampoco me las quise inventar, sólo hablo de las que me he encontrado y experimentado; no tengo nada contra los piropos ni estoy traumada ni me pasó algo desagradable mas que lo ya descrito, cuando me los dice alguien que es conocido o amigo prefiero dejarlos ser porque si me los dicen ya es bajo su propio gusto y riesgo.



Aunque…admitámoslo: cada vez que me dicen un elogio, mi ego sube hasta el infinito. ¿No es adorable? Yo sé que sí.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Miopía


Estoy tremendamente fregada de la vista, al menos para ver de lejos no doy una. Es por eso que al conocer a alguien, miro más que su rostro; la forma de caminar, los gestos de las manos, la voz, son detalles en los que me fijo mucho, al igual que el estilo de vestir -que dice mucho de una persona- así como los reflejos involuntarios o tics que pueda tener. Creo que por eso muchas personas se cohíben un poco al estar conmigo, piensan que soy muy fijada lo cual es casi un equivalente a criticona, si supieran que me da miedo agravarme más y perder la vista, creo que no les importaría tanto el que intente grabarme su rostro, perder la vista es una posibilidad que me pone los vellitos de punta. Por eso registro todo con mis ojos, llevo una bitácora ocular para el día en que ya no tenga esas ventanas, porque no quiero olvidar y volverme inútil, porque no quiero dejar atrás tan fácilmente una vida de luz.

He considerado operarme pero para eso mi organismo no está listo aún porque no he dejado de crecer, lo podré hacer hasta los 24 años y entonces sí, qué felicidad ver bien.

martes, 28 de octubre de 2008

Queridos (?) padres de familia...

Pensándolo bien, trabajar de maestra es bien bonito, hoy me pusieron cortinas color azul claro en el salón y me encantaron, hasta más ganas dan de esforzarse...

(Inserte aquí foto que olvidé tomar en el momento.)

Además de que las madres de familia son las que organizan los desmadres de día de muertos, posadas de navidad, ventas para recaudar fondos, que si el convivio del día del niño, cooperaciones para copias y adornos: nunca en mi vida he apreciado tanto un comité.

Lo que sí me da cosa es que se apegan demasiado a sus hijos, al punto de que todos los días me preguntan que cómo se portó, qué hizo en el recreo, de qué color orinó; y yo como buena persona que soy, las mando al chile elegantemente dándoles explicaciones genéricas cuya traducción universal es: soy maestra, no niñera. Entre todos los maestros acordamos vigilar la puerta principal a la hora de la entrada para que sólo los niños ingresaran por ésta, mientras los padres quedaban afuera, esto lo hicimos por dos razones: a) salvaguardar la seguridad de los niños al evitar el ingreso de personas ajenas a la institución, y b) quitarnos de encima padres chismosos que nos vienen a retrasar las clases haciéndonos mil y un preguntas del tipo ya descritas arriba. Sé que si en algún momento llego a meter la pata -o algo más- y tengo un engendro, yo también estaría sumamente interesada en saber si fue al baño o no en la escuela, pero hay que comprender que el profesor a cargo NO puede ver en todo momento a un niño en particular, los grupos son numerosos y es un triunfo sacar adelante a uno compuesto por 30 elementos o más...y cómo no mencionar a las mamás que siempre quieren que el chamaco se siente enfrente, cómo noooooo...he perdido la cuenta de las veces que me han pedido mover a alguien al frente, y la respuesta es la misma: no puedo ponerlos a todos así. Imagínense que así fuera, tendría una muralla de escuincles que al final ni sabrían que onda porque entre ellos mismos se aplastan. Digo, la inteligencia no depende del lugar donde te sientes, sino el empeño y esfuerzo que le pones, y sobre todo poner atención cuando digo las instrucciones porque me caga tener que explicar tres veces algo tan simple como encontrar todos los círculos y colorearlos de rojo (pregunta de examen de primer año). A propósito de eso, la semana pasada apliqué examen de evaluación del bimestre y salieron bastante bien, puse una materia por día para que no lo sintieran pesado; pero no faltaron las madres de familia que terminando el examen ya me preguntaban cómo habían salido. Changos, cómo quiere que sepa si ni he calificado. Iba a convocar a junta este viernes para ya quitarles la calentura de saber, pero el director dijo que nel vato, que se esperen hasta la siguiente semana, jaja. Así que la junta se reemplazó por convivio de día de muertos, donde espero recibir tamales y chocolate caliente, ¡yei! Obvio que yo no pondré un peso, es la ventaja de ser quien se encarga de educar a sus hijos...


Sí, hay momentos en que ser maestra está con madre.