El domingo falleció mi abuelo, en la madrugada, rodeado de todos aquellos a los que quiso. Y yo, no tengo palabras. Pero este escrito sí las tiene, y cada una de ellas la siento como propia. Por eso reproduzco aquí algunos fragmentos, dándole al autor el crédito que merece. Nada más.
- Esperar que murieras era morir despacio,
- estar goteando del tubo de la muerte,
- morir poco, a pedazos.
No ha habido hora más larga que cuando no- dormías,
- ni túnel más espeso de horror y de miseria
- que el que llenaban tus lamentos,
- tu pobre cuerpo herido.
- ¡A la chingada las lágrimas!,dije,
- y me puse a llorar
- como se ponen a parir.
- ¡A la chingada la muerte!, dije,
- sombra de mi sueño,
- perversión de los ángeles,
- y me entregué a morir
- como una piedra al río,
- como un disparo al vuelo de los pájaros.
- Te enterramos ayer.
- Ayer te enterramos.
- Te echamos tierra ayer.
- Quedaste en la tierra ayer.
- Estás rodeado de tierra
- desde ayer.
- Arriba y abajo y a los lados
- por tus pies y por tu cabeza
- está la tierra desde ayer.
- Te metimos en la tierra,
- te tapamos con tierra ayer.
- Perteneces a la tierra
- desde ayer.
- Ayer te enterramos
en la tierra, ayer. - No podrás morir.
- Debajo de la tierra
- no podrás morir.
- Sin agua y sin aire
- no podrás morir.
- Sin azúcar, sin leche,
- sin frijoles, sin carne,
- sin harina, sin higos,
- no podrás morir.
- Sin mujer y sin hijos
- no podrás morir.
- Debajo de la vida
- no podrás morir.
- En tu tanque de tierra
- no podrás morir.
- En tu caja de muerto
- no podrás morir.
- En tus venas sin sangre
- no podrás morir.
- En tu pecho vacío
- no podrás morir.
- En tu boca sin fuego
- no podrás morir.
- En tus ojos sin nadie
- no podrás morir.
- En tu carne sin llanto
- no podrás morir.
- No podrás morir.
- No podrás morir.
- No podrás morir.
- Enterramos tu traje,
- tus zapatos, el cáncer;
- no podrás morir.
- Tu silencio enterramos.
- Tu cuerpo con candados.
- Tus canas finas,
- tu dolor clausurado.
- No podrás morir.
- Te enterramos, te lloramos, te morimos,
- te estás bien muerto y bien jodido y yermo
- mientras pensamos en lo que no hicimos
y queremos tenerte aunque sea enfermo.- Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos
- a no ser habitantes de tu infierno.
- Te has muerto y me has matado un poco.
- Porque no estás, ya no estaremos nunca
- completos, en un sitio, de algún modo.
Algo le falta al mundo, y tú te has puesto- a empobrecerlo más, y a hacer a solas
- tus gentes tristes y tu Dios contento.
- Eras, cuando caía, eras mi abismo,
- cuando me levantaba, mi fortaleza.
- Eras brisa y sudor y cataclismo,
- y eras el pan caliente sobre la mesa.
Amputado de ti, a medias hecho- hombre o sombra de ti, sólo tu hijo,
- desmantelada el alma, abierto el pecho,
Ofrezco a tu dolor un crucifijo:- te doy un palo, una piedra, un helecho,
- mis hijos y mis días, y me aflijo.
Se quedó allá solito, al final del cementerio. En la fría tierra lo sepultamos, le lloramos, le suplicamos que despertara. Y mi egoísmo reclamaba, ¿por qué te fuiste, si aún nos quedaba tanto por compartir? Todos me dicen que no sufre más, y es cierto; pero no puedo quitarme de la cabeza que yo pude hacer más, pude ayudar más, no sé, es culpa, frustración, tristeza, todo. Se quedó allá solito y nosotros seguimos aquí, resistiendo, aguantando, viviendo. Y como todos, terminaremos igual que él...
Solitos, al final del cementerio.




